Regresamos catorce años después a Mijas

El 8 de septiembre en Mijas es el instante en que un pueblo entero recuerda quién es.

Este año, cuatrocientos cuarenta años después de que la Virgen se apareciera a unos humildes hermanos pastores de esta tierra, la cita traía un peso de emociones que teníamos pendientes con esta localidad.

Arrancamos el pasacalles desde el Ayuntamiento mientras las calles del pueblo blanco vibraban con la energía que genera la unión entre fiesta y devoción.

Y finalmente, a las nueve, la Patrona y Alcaldesa Perpetua de Mijas volvió a reencontrarse con su pueblo.

Pero, con permiso de la Virgen, hay un momento que define esta noche.

En un tramo del recorrido, la procesión se detuvo frente a una casa. La misma casa que guarda la memoria de quien ya no está con nosotros. Allí, con Mijas entera como testigo, sonó Mi Despedida. Para Choto. Para el amigo que, aunque se fue demasiado pronto, sigue presente en cada ensayo, en cada silencio, en cada mirada se cruzan aquellos que lo conocieron bien.

Fue todo una declaración. Una declaración de una banda que no deja a los suyos atrás, que los lleva cosidos en el parche del tambor y en el pabellón de la corneta.

Sonamos con rabia y ternura. La rabia del que siente que el tiempo fue injusto. Y la ternura del que sabe que la música es la única forma de decir lo que las palabras no alcanzan.

Anima Christi puso el punto final a un 8 de septiembre de ensueño. La Virgen volvió a su casa, y nosotros volvimos a la nuestra sabiendo que habíamos puesto nuestro granito de arena en una historia que trasciende los límites del tiempo.

Gracias, Mijas. Gracias, Patrona.

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